Reseña de la Historia Moderna.

 

Breves notas sobre la modernidad:

A grosso modo, la modernidad ha sido el resultado de un largo devenir histórico, con presencia tanto de elementos de continuidad como de ruptura.

Proceso que duró siglos y dinamizó la acumulación de conocimientos, técnicas, riquezas, medios de acción, propiciándose el surgimiento de clases más dinámicas, ideologías, instituciones que se desarrollaron y fortalecieron a través de luchas y confrontaciones dentro de la sociedad feudal.

 Es un movimiento sociológico y filosófico que toma lugar en Europa. La modernidad surge en el siglo XV después que se provocaran cambios emblemáticos a nivel mundial como: el descubrimiento de América, el desarrollo de la imprenta, las reformas protestantes y el Renacimiento.

Para comprender los axiomas de la Modernidad, se debe enunciar la característica principal del Renacimiento; ya que este período es un puente de enlace entre las dos épocas. El Renacimiento, enmarca al ser humano como un individuo simbólico, es decir, su base de creencias y comprensión del mundo está basada en la religión. En cambio, en la Modernidad se abandona la creencia de que todo puede ser explicado mediante la religión; se procede a elaborar aclaraciones científicas de los fenómenos, es decir, se renuncia a lo mítico y se da paso a la razón.[1]

Analizada la contraposición entre Renacimiento y Modernidad se puede dar paso a definir y explicar esta etapa. La Modernidad es entendida como un proceso de cambios que buscan homogenizar a la sociedad. Da paso a la creación de individualidades y permite que los hechos y objetos se hagan de conocimiento y apropiación universal. Se la considera como un proceso que necesita una actualización permanente.

La modernidad es el fruto de la descomposición de la sociedad feudal, con lo que se da un paso, históricamente determinado, a una formación económico-social nueva: capitalismo.

 Este proceso presenta carácter global, sin precedentes en etapas históricas anteriores, donde lo económico, lo social, lo político y lo cultural se interrelacionan y avanzan desigualmente terminando por darle forma a la moderna sociedad burguesa: el capitalismo y la nueva forma de organización política, el Estado-nación.

La modernidad promovió transformaciones en la organización de las naciones. Se secularizan los estados para dar paso al Poder Republicano, la Racionalidad Administrativa y la industrialización. Además, con el aparecimiento de los Estados Nación se deben reorganizar los territorios y se procede a la creación de la urbe –la ciudad-; para conseguir un desarrollo industrial capitalista y un progreso económico-tecnológico.

 

Debido a la creación de la urbe el Poder Republicano debe establecer una constitución que encierra el conjunto de leyes –normas y rigores- que controlan la sociedad. Para que se facilite este control se crean tres poderes estatales que ejerzan las leyes en la ciudadanía; estos son: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. En la modernidad la legitimidad socio-política se basa y fundamenta en la racionalidad y el poder materializado en el Estado se vuelve impersonal y está definido por instituciones y constituciones.

 La Racionalidad Administrativa permite que nazca una nueva clase social: la burocracia; misma que trabaja en las diferentes entidades públicas y colabora con el Estado.

La industrialización es el proceso que busca expandir la economía de un lugar específico mediante el desarrollo industrial. Este sector de la población conformó al proletariado: clase social encargada de la producción masiva de bienes comerciales en las fábricas.

Analizados los diversos aspectos que conforman la Modernidad, decimos que es un periodo que principalmente antepone la razón sobre la religión.  Según sus elementos filosófico-políticos, la modernidad es una revolución del hombre ilustrado contra la tradición, la sacralización de la sociedad, la sumisión de la razón a la ley natural.

Con palabras de Alain Touraine, ésta en su acepción occidental es ´´la obra de la misma razón, y en consecuencia sobre todo de la ciencia, de la tecnología y de la educación, y las políticas sociales de modernización no deben tener otro fin que despejar el camino de la razón suprimiendo las reglamentaciones, las defensas corporativistas o las barreras aduaneras, creando la seguridad y la previsibilidad que necesita el empresario y formando gestores y los operadores competentes y concienzudos.”

 

 Se crean instituciones estatales que buscan ejercer control social mediante una constitución. Surgen nuevas clases sociales que permiten la prosperidad de cierto grupo poblacional y la marginación de otro. Industrializa la producción para aumentar la productividad y su economía; y, finalmente, es una etapa de actualización y cambio permanente.

                Se puede destacar que la modernidad tiene dos características fundamentales, en las que todos los teóricos coinciden y que según A. Giddens y J. Habermas, una de éstas es conocimiento teórico o experto se retroalimenta sobre la sociedad para transformar tanto a la sociedad como al conocimiento.

De ahí se deduce que las sociedades están constituidas y construidas, en sus esencias, desde el conocimiento teórico. 

Este proceso se expresa, fundamentalmente, a través de tres aristas en la vida de la humanidad, a saber:

  1. La cosmovisión o concepciones religiosas y metafísicas en que se ha ido produciendo una secularización de las creencias y los valores, que Max Weber denominó la desmitificación de la vida.
  2. La acción colectiva, pues la política, la economía, el derecho y demás instituciones se convirtieron en organizaciones tecnocráticas.
  3. La acción individual, porque el estilo de vida personal va dirigido acorde a patrones funcionales de producción y consumo.

 

La modernidad se configuró así con la Ilustración en la promesa de la fe en el progreso del conocimiento y el progreso moral de la humanidad. Los ideales de la sociedad moderna eran entonces aquellos que reivindicaban la razón y la libertad, de llegar a la autonomía del individuo materializada en la razón y el conocimiento científico, que de una u otra forma transformaron las viejas estructuras políticas, económicas, sociales y culturales por otras donde la vida social moderna se desarrolló en tres mecanismos racionalizados que la determinaron y configuraron como el proyecto moderno: 

  1. El Mercado, como la racionalidad económica en la que se expresa la libertad individual y colectiva en las relaciones de dependencia recíproca.
  2. El Estado, como la racionalidad política y jurídica, sustituyéndose la antigua autoridad religiosa y la tradición, por el de las leyes y derechos universales.
  3. El Derecho, como la racionalidad jurídica que asegura los derechos y libertades individuales y colectivas pasando así del Estado Liberal al Estado Social de Derecho.

 

Características generales de la modernidad
_ Ruptura con el pasado referencial: la Iglesia, la Civilización romana y el Imperio Carolingio
_ Surgen movimientos que marcan la novedad: artístico, música, letras, pintura, filosofía, teología, entre otros.
_ Se inicia un despertar del pensamiento humano, libre de toda esclavitud intelectual.
_ Separación entre la fe y la razón.
_ Introducción al progreso: político, social y económico.
_ La modernidad nace del presente: el presente ya no existe en relación con el pasado, sino en sí mismo.

_ De la mano del hombre, surge la ciencia y poco después la tecnología.
_ Aparece el humanismo: movimiento intelectual que surge en las Ciudades Italianas y desde ellas se expande por Europa. Trae consigo una nueva mentalidad crítica individualista.
_ Crecimiento económico: aparecen nuevos productos, nuevas rutas y nuevos países hegemónicos
_ En lo social: nuevas enfermedades atacan los núcleos urbanos, mestizaje, crecimiento poblacional.
_ En lo cultural: época de intercambio cultural.
_ Se establecen nuevas clases sociales: nobleza, burgueses y campesinos.
_ Con el renacimiento, se introduce un renacer: una vuelta a la antigüedad clásica grecorromana.
_ El conocimiento es del dominio público: las universidades son la piedra fundamental del cambio del pensamiento humano.

 

La Edad Moderna  es el momento en que se da la aparición de los Estados modernos (España con los Reyes Católicos, en Francia con Luis XIV y en Inglaterra con Enrique VIII), el desarrollo y extensión del sistema económico capitalista, el descubrimiento de América y el inicio de los problemas religiosos, y a nivel artístico, la búsqueda de la belleza ideal. En definitiva el cambio de la Edad Media a la Edad Moderna fue un cambio en todos los aspectos: económicos, políticos, sociales e ideológicos. En el ámbito  de las ideas surgió el Humanismo, el cual era una corriente filosófica estrechamente ligada al Renacimiento; algunos de sus rasgos son: el antropocentrismo o consideración de que todo gira en torno al hombre frente al teocentrismo medieval, la razón humana adquiere valor; el pacifismo, el odio por todo tipo de guerra; el deseo de la unidad política y religiosa de Europa; la imitación de la lengua y el pensamiento de la literatura clásica grecolatina; el contraste de opiniones frente al argumento de autoridad medieval, la imprenta multiplica los puntos de vista.

El humanismo se extendió por Europa rápidamente gracias a uno de los inventos, la imprenta en Europa Occidental, que permitió la universalización del conocimiento, rompiendo el privilegios de los clérigos y nobles. Hay que señalar que los artistas renacentistas estaban protegidos por los mecenas, que eran personas adineradas que les exigían trabajos.

 

Desde el punto de vista político, a fines del siglo XIV se produjo en Europa la aparición de los primeros Estados. Este proceso se inicio en el siglo XII, época en que las monarquías comenzaron a consolidar su poder, para compensar la pérdida de autoridad política de la nobleza feudal la tierra pasó a ser de su propiedad y no una retribución del rey. Los Estados modernos se caracterizaron por la centralización del poder político y su concentración en un soberano; la obligación de obediencia la rey; la creación y utilización de instrumentos nuevos para asegurar la obediencia al poder centralizado: las nuevas instituciones políticas como el derecho, la burocracia administrativa, el ejército, y la diplomacia, entre otras. En el siglo XVI los reyes para consolidar su poder sobre los nobles crearon los consejos de asesores a través de los cuales ejercían y consolidaban su poder.

 

Por su parte la Iglesia Católica pasaba, en el siglo XV, por una grave crisis debido fundamentalmente a la mala preparación teológica de sacerdotes y monjas; falta de fundamento religioso ante la Peste que devastó a la población europea; la corrupción en la Iglesia. Ante estos acontecimientos el monje Martín Lutero protesta ante esta situación en 1517 afirmando que el hombre se salva por la fe y no por las buenas obras, y consideraba sólo dos sacramentos: el bautismo y la eucaristía; suprimió el culto a la Virgen y a los santos, sostuvo que las indulgencias carecían de valor y que cada persona podía interpretar libremente la Biblia. Como consecuencia Lutero fue excomulgado de la Iglesia pero encontró apoyo en la nobleza alemana. También surgió la religión Calvinista que se basaba en la predestinación, significaba que al nacer cada persona tiene marcado su destino; para Juan Calvino aquella persona que llevara una vida austera y poseyera un fe intensa se salvaba.

En Inglaterra el rey Enrique VIII al no tener descendencia masculina solicitó el divorcio, el que le fue negado, por lo cual él mismo decidió divorciarse creando la iglesia Anglicana y manteniendo las tierras de la Iglesia Católica y convirtiendo al rey en la máxima autoridad religiosa.

La Iglesia Católica respondió con medidas aisladas, logrando una solución en el Concilio de Trento, donde se reformó el dogma cristiano, y también se crearon nuevas órdenes religiosas.

Desde los siglos XV y XVI españoles y portugueses se lanzaron a una carrera por descubrir y conocer la tierra, dichos viajes respondían a factores económicos, científicos e ideológicos.

 

Características del Renacimiento: El ideal común de este período está definido por la esperanza de un renacer del ser humano a una vida verdaderamente “humana”, mediante el recurso de las artes, las ciencias, la investigación, etc., poniendo de manifiesto la consideración del ser humano como ser natural, en oposición a la consideración medieval del ser humano como ser-para-dios.

El retorno de los antiguos significa no solo la recuperación de su obra, sino fundamentalmente el retorno al principio, a los orígenes de la vida humana. El retorno significa una conquista, la de la personalidad humana. El retorno en pos de lograr la objetividad, para poner en evidencia el status original del hombre frente a la naturaleza.

El hombre es libre de decidir su conducta, lo que supone una exaltación de la libertad individual tanto en el orden teológico como el orden cultural y social.

 

Características del Humanismo: uno de los rasgos distintivos más conocidos y destacados del humanismo es su interés por lo “antiguo”, por lo clásico, interés en el que predomina el punto de vista de la investigación filológica. Este interés provoca el desarrollo de la perspectiva histórica en el acercamiento a otra cultura, porque se puede afirmar que con el humanismo se consolida la historicidad como clave del pensamiento europeo.

A diferencia de lo que ocurría en el Medioevo, donde el hombre era considerado desde una perspectiva teológica, los humanistas valorarán al hombre desde una perspectiva mundana, no divina. La religión es considerada ante todo en su función civil, así, tanto la religión como la tolerancia religiosa son instrumentos válidos para asegurar el ideal de la paz civil. La creencia de la unidad última de todas las religiones es afirmada.

 

EL ANTIGUO RÉGIMEN

“El conjunto de rasgos políticos, jurídicos, sociales y económicos que caracterizaron a Europa y sus colonias en los siglos XVII y XVIII”.

Europa veía como su población tenía un escaso crecimiento vegetativo, si bien existía una alta tasa de natalidad también era muy elevada la tasa de mortalidad; en buena medida era consecuencia del inestable equilibrio entre la población y la disponibilidad de recursos, en especial, alimenticios. Es en el ámbito agrícola y en la propiedad de la tierra donde se observan cambios durante el siglo XVIII en Inglaterra, Francia y Holanda.

La economía es básicamente agraria, con un 75% de la población asentada en el medio rural; la industria se encontraba en un nivel artesanal y doméstica. Las ciudades europeas tenían un escaso desarrollo urbano, aún muy distante del notable crecimiento que reflejaran hacia mediados del siglo XIX. La propiedad de la tierra estaba en manos de los señores feudales, los nobles, que eran los poseedores de grandes latifundios.

 

Por su parte la sociedad era estamental, integrada por grupos desiguales y totalmente cerrados, se pueden separar en el grupo privilegiado integrado por la nobleza y el clero; y los no privilegiados eran la creciente burguesía, los artesanos de las ciudades y los campesinos. Los privilegios eran variados pero el más destacable era el derecho a estar exentos de pagar los elevados impuestos reales que de esta forma recaían cada vez más sobre los estamentos populares y más carenciados. La conformación de los gobiernos absolutistas se caracterizaron por la concentración del poder del Estado en la figura del monarca; los ideólogos teórcos fueron Bossuet y Hobbes.  Los gobiernos absolutistas adoptaron en el marco de la Ilustración el rasgo de “Despotismo Ilustrado”, por el cual el rey gobernaba de acuerdo a la premisa de “todo por el pueblo, pero sin el pueblo”.

La Ilustración es el movimiento literario y político del siglo XVIII, que tenía como ideales fundamentales a la razón, el progreso, la naturaleza y la felicidad. En el marco del pensamiento ilustrado se destacaron Montesquieu, Voltaire y Rousseau por su pensamiento político; en el campo económico se manifiestan los modelos del mercantilismo, la fisiocracia, y el liberalismo. 

 

EL ABSOLUTISMO EN EUROPA.

 

Durante el siglo XVI surge en occidente le Estado Absolutista. Engels señala que las monarquías eran el producto de un equilibrio de clase entre la vieja nobleza feudal y la nueva burguesía urbana, para el autor es la época en que la nobleza debió comprender que su dominio social había terminado. Este sistema se sustentaba esencialmente en la nobleza, que continuaba siendo el grupo dominante, propietario de la mayoría de las tierras y detentador de cargos y privilegios. La burguesía, a pesar de su enriquecimiento, carecía de influencia política y permanecía marginada de los círculos de poder.

Marx afirmaba que las estructuras administrativas del nuevo Estado absolutista eran un instrumento burgués. Se introdujeron el ejército y una burocracia permanente, un sistema nacional de impuestos, un derecho codificado y los comienzos de un mercado unificado.

Para Perry Anderson el absolutismo fue un aparato reorganizado y potenciado de dominación feudal, eran instrumentos modernizados para el mantenimiento del dominio nobiliario sobre las masas rurales.

Las principales características del absolutismo son: en lo político, la monarquía absoluta fortalecidas tras las guerras de religión; en lo económico se desarrolla el mercantilismo, la riqueza depende de los metales preciosos; en cuanto a la sociedad, predomina la aristocracia pero se desarrolla la burguesía; en lo espiritual se observa la secularización, imponiéndose el racionalismo y el empirismo; en lo cultural se manifiesta el Barroco.

 

El rey absoluto se caracterizaba por: poseer un título hereditario, no someterse a la autoridad universal, defender los intereses del estado con criterio racional. La voluntad real era la ley, tenía la libertad de derogar, modificar y crear leyes; podía declarar la guerra o la paz, acuñar monedas e imponer impuestos. Los súbditos debían obediencia incondicional. El rey se identificaba con el Estado y gobernaba sin los organismos parlamentarios. Para ejercer el control eran utilizadas dos herramientas: la burocracia y el ejército permanente. Los estados eran máquinas construidas para el campo de batalla; el primer impuesto a nivel nacional en Francia, la Talla Real, se recauda para financiar las primeras unidades militares regulares de Europa.

Por su parte la burocracia era tratada como una propiedad vendible a individuos privados, el modo de integración de la nobleza fue la adquisición de cargos. Los pobres vieron como la transición de las prestaciones en trabajo a las rentas en dinero vino acompañada por la aparición de los impuestos reales para financiar la guerra.

 

Teorías del absolutismo:

Las teorías del poder soberano: Juan Bodino, autor de La República, define la monarquía como el poder supremo sobre los súbditos, el rey es la única fuente de derecho, es responsable ante Dios y está sometido a principios morales.

Teorías del derecho divino: Bossuet en Francia sostenía que Dios escogía a los reyes para que mantuvieran la paz y la justicia por lo que debían ser respetados y venerados. Es beneficioso para el Estado que todo el poder se concentre en una sola persona.

Raciocinio: Tomás Hobbes en el Leviatán decía que el hombre siempre hacía guerra contra todos, y para acabar esto prefieren  renunciar a su libertad y dar todo sus derechos a un monarca absoluto.

 

El mercantilismo: con la disminución del oro y la plata de América disminuye la cantidad de monedas en circulación y se estabilizan los precios. Como se obtienen menos ganancias los particulares están menos dispuestos a invertir en negocios y el Estado interviene más en la vida económica. La finalidad de la actividad económica en el mercantilismo es adquirir metales preciosos, por la explotación de minas propias o la venta de mercancía. Esto es porque las monedas de oro y plata se convierten en símbolo de prosperidad, la riqueza del un país depende de los metales preciosos. El Estado tendía a explotar directamente las minas por ser más barato. Un sistema aduanero proteccionista s el que protege los aranceles y productos nacionales evitando también la exportación de materias primas. Para que haya más exportación se apoya a la agricultura por el mercado interno y desarrollo de la industria.

 

EL ABSOLUTISMO FRANCÉS.

 

Perry Anderson señala que el proceso de construcción del absolutismo francés fue una progresión “convulsiva” hacia un estado monárquico centralizado, interrumpido por las grandes rupturas: “Guerra de los Cien Años” (siglo XV), las Guerras de Religión (siglo XVI), y la Fronda (siglo XVII).

Durante la Guerra de los Cien Años se puso en escena el ejército regular pagado, para sustentarlo fue necesario la aplicación de la “taille royale” (1439). Autores como Le Bret, justifican las imposiciones fiscales como una necesidad consecuencia de la guerra que obligaba al rey a utilizar el poder absoluto para recaudar. Se desarrollaron los parlamentos locales pero carecieron de poder. La producción fiscal descendió y se recurrió a la venta de bonos públicos (1522) para mantener confortable el tesoro real.

La lucha entre los hugonotes y la Santa Liga, fue el escenario donde se fundieron todos los conflictos políticos internos. Cuando el sur cayó ante los protestantes, los impuestos recayeron sobre las ciudades del norte. El sucesor de la Corona, Enrique de Navarra, se convierte al catolicismo y establece el poder real en París. El Edicto de Nantes dio a protestantismo una autonomía regional limitada.

En 1604 se introduce la “Paulette”, venta de cargos en el aparato del Estado, hereditarios al cambio del pago de un porcentaje anual sobre su valor de compra. Durante esta época Richelieu comienza a construir un aparato administrativo racionalizado, además se creó el sistema de intendentes.

La situación se agravaría con la participación en la Guerra de los Treinta Años, como consecuencia la carga fiscal aumentó y recayó sobre los pobres.

 

La Fronda fue el punto más alto de las rebeliones, en la que algunos sectores de la alta nobleza, de la magistratura de los titulares de cargos y de la burguesía municipal utilizaron a las masas para sus propios fines contra el estado absolutista.

Ernest Lavisse la denomina como “un juego abominable”; Madelín como “una revolución fracasada”; el duque de Rochelfoucald como “una triste farsa”. La Fronda se convirtió en extenso y destructivo conflicto (1648-1653), que produjo una guerra civil.

Para Benassart, la Fronda es la suma de descontentos más que de revolución, termina en medio del cansancio general con el triunfo de la autoridad monárquica. El autor señala la división en dos etapas, la primer Fronda es  parlamentaria, y la segunda Fronda de los príncipes.

 

Tras controlar los levantamientos populares, la autoridad real y el poder ejecutivo se reunieron en un único soberano; los parlamentos fueron silenciados (1673); la alta nobleza fue obligada a residir en Versalles (1682); la maquinaria central del poder real fue concentrada, racionalizada y ampliada sin la resistencia de la aristocracia. Se promovió el comercio y el sistema mercantilista que provocó conflictos con otros países, por ejemplo Holanda.

La derrota final de Luis XIV se debió al cambio de la posición de Francia dentro del sistema político europeo.

 

El reinado de Luis XIV.

Richelieu murió en 1642 y Luis XIII en 1643, dejando el trono a su hijo de cinco años, Luis XIV. El protegido y sucesor de Richelieu como primer ministro, el cardenal Giulio Mazarino, continuó la política de su predecesor, culminando de forma victoriosa la guerra con los Habsburgo y derrotando, en el interior, el primer esfuerzo coordinado de la aristocracia y la burguesía para invertir la concentración de poder en el rey realizada por Richelieu.

En 1648, el Parlamento de París, en alianza con los burgueses de la ciudad, protestó contra los elevados impuestos y, con el apoyo de los artesanos, hicieron estallar una rebelión contra la Corona, denominada La Fronda. A pesar de esto, la Fronda fracasó en su intento de impedir la centralización del poder y, hasta la década de 1780, los estamentos privilegiados no desafiaron de nuevo a la autoridad de la Corona.

A la muerte del cardenal Mazarino en 1661, Luis XIV anunció que en lo sucesivo él sería su propio primer ministro. Durante los siguientes 54 años, gobernó Francia personal y conscientemente, y se estableció a sí mismo como modelo del monarca absolutista que gobernaba por derecho divino.

 

A principios de su gobierno en solitario, Luis XIV estableció la estructura del Estado absolutista. Organizó un número determinado de consejos consultivos y, para ejecutar sus instrucciones, los dotó de hombres capaces y completamente dependientes de su persona. La demanda de los parlamentos provinciales de un veto sobre los decretos reales se silenció totalmente. Los nobles potencialmente peligrosos, por ser descendientes de la antigua nobleza feudal, quedaron unidos a la corte a través de cargos prestigiosos pero de carácter ceremonial, que no les dejaban tiempo libre para su actividad política. La burguesía se mantuvo políticamente satisfecha con la garantía del orden  interno que le ofrecía el gobierno, el fenómeno activo del comercio y la industria y las oportunidades de hacer fortuna explotando los gastos del Estado.

                El rey, gracias al poder de nombrar a los obispos, consiguió un dominio firme sobre la jerarquía eclesiástica. El monarca gobernaba como representante de Dios en la tierra, y la obediencia del clero le proporcionó la justificación teológica de su derecho divino. Un movimiento disidente, el jansenismo,  que se desarrolló en el siglo XVII, constituyó una amenaza política por el énfasis que daba a la supremacía de la conciencia individual, por lo que Luis luchó contra él desde sus comienzos.

El gran palacio que construyó Luis XIV en Versalles fue, y sigue siendo, incomparable en tamaño y en magnificencia, un monumento de la arquitectura, pintura, escultura, diseño interior, jardinería y tecnología constructiva de Francia. Luis XIV fue un destacado mecenas de las artes. Intentó elevar el nivel cultural mediante la fundación de la Academia de Bellas Artes y la Academia Francesa en Roma; además, ayudó a los autores con aportaciones económicas y fomentó sus trabajos, nombrando a un supervisor de música para elevar la calidad de las composiciones y de los conciertos. Creó también la Academia de Ciencias.

                El ministro de finanzas, Jean Baptiste Colbert, fue el gran exponente de la era del mercantilismo. Subvencionó a la industria, estableció aranceles para eliminar la competencia exterior y controles de calidad en la producción industrial, desarrolló mercados coloniales que fueron monopolizados por los comerciantes franceses, fundó compañías comerciales ultramarinas, reconstruyó la Armada y, en el interior, construyó carreteras, puentes y canales.

                Antes de finalizar su reinado, los gastos de la guerra habían arruinado la mayor parte del trabajo de Colbert en el ámbito económico y, en 1685, el rey asestó un golpe a la débil economía del Estado al revocar el Edicto de Nantes. Convencido de que la mayoría de los hugonotes se habían convertido al catolicismo, prohibió el culto público protestante, los predicadores fueron expulsados del país y se destruyeron sus centros de reunión. A pesar de la amenaza de elevadas multas, entre 200.000 y 300.000 hugonotes abandonaron Francia; la mayoría eran artesanos especializados, intelectuales y oficiales del ejército; en definitiva, valiosos súbditos que Francia no podía permitirse el lujo de perder.

                Luis condujo a su país a cuatro guerras costosas. En todas ellas continuó la política de contener y reducir el poder de los Habsburgo, extender las fronteras francesas hasta posiciones defendibles y conseguir ventajas económicas. Su ministro de Guerra, el marqués de Louvois, organizó un poderoso ejército de 300.000 hombres entrenados, disciplinados y equipados. En 1667, el monarca empleó ese ejército para hacer valer su reclamación (basada en su matrimonio, en 1660, con María Teresa, hija del rey Felipe IV de España) sobre los Países Bajos españoles. Una hostil alianza  de poderes marítimos le indujo a negociar un compromiso de paz en 1668. La recompensa francesa fueron once fortalezas en la frontera nororiental.

En 1672, las consideraciones económicas y estratégicas llevaron a Luis a atacar las Provincias Unidas (parte de los Países Bajos no sujeta a dominación española), donde pronto se enfrentaría no sólo con los holandeses, sino también con una poderosa coalición. Francia consiguió tras la Paz de Nigema (1678), que puso fin a la guerra, el Franco Condado en la frontera oriental y una docena de ciudades en el sur de los Países Bajos.

 

Carlos II, rey de España, no tenía heredero directo por lo que antes de su muerte designó como su sucesor al trono al nieto de Luis XIV, Felipe de Anjou. Los otros estados europeos temieron las consecuencias de la gran extensión del poder de los Borbones que esto generaría, y se unieron para evitarlo. La guerra de la sucesión española duró trece años y finalmente se coronó a Felipe V.

La guerra, el frío del invierno y una mala cosecha, provocaron en Francia numerosas revueltas por la falta de alimentos y en demanda de reformas. Una epidemia de viruela acabó con la vida de tres herederos al trono, dejando como único superviviente por línea directa a un biznieto de Luis, de 5 años de edad. El rey muere en Versalles el 1º de setiembre de 1715, tras 73 años de reinado.

 

EL ABSOLUTISMO PARLAMENTARIO EN INGLATERRA.

 

La monarquía medieval más fuerte de occidente produjo el absolutismo más débil y de más corta duración.

La primera centralización administrativa del absolutismo había generado una clase noble muy reducida y unificada regionalmente sin magnates territoriales. Las ciudades gozaron de privilegios comerciales, pero no de la autonomía; lo eclesiásticos no dispusieron de enclaves señoriales consolidados. La monarquía evitó así los peligros para establecer un gobierno unitario, el resultado fue la centralización del poder real y de la representación nobiliaria dentro del sistema político medieval.

La administración y la autoridad real no tuvieron equivalente en Europa, al poder personal del monarca le siguieron las tempranas instituciones colectivas de la clase feudal: los parlamentos. Eran a la vez instituciones únicas y entremezcladas, sólo había una asamblea que coincidía con las fronteras del propio país, no varias de carácter provincial; y dentro de las asambleas no existía división entre nobles, clérigos y burgueses; en ellas estaban representados los caballeros y las ciudades junto a los barones y los obispos.

El sistema bicameral de Lores y Comunes fue una evolución posterior, que dividió al Parlamento según una división interclasista dentro de la nobleza.

Otro rasgo del feudalismo inglés fue la insólita fusión entre la monarquía y la nobleza en el plano judicial y administración local. No contaba con un ejército permanente en la Guerra de los Cien Años, sino que lucharon compañías contratadas, reclutadas para la monarquía por los grandes señores sobre la base de contratos en dinero.

El penoso resultado del colapso final del poderío inglés en Francia fue el estallido de la Guerra de las Rosas en Inglaterra, cuando la autoridad real ya no pudo mantener unida a la alta nobleza la maquinaria de guerra se volvió hacia el interior.

El reinado de Enrique VII preparó la aparición de una “nueva monarquía” en Inglaterra, durante su gobierno desechó el Parlamento, el gobierno monárquico centralizado se ejercía a través de una camarilla de consejeros personales y de hombres de confianza del rey. Enrique VIII heredó un poderoso ejecutivo y una hacienda próspera, pero la crisis de 1527-1528, provocado por la decisión del rey de divorciarse de su esposa española y el consiguiente punto muerto con el papado. El monarca convocó el Parlamento para enfrentarse al papado, para promover el nuevo proyecto de matrimonio necesitaba el apoyo de la clase territorial y para conseguir la aprobación de la incautación política de la Iglesia por el Estado en Inglaterra. Esta rehabilitación de una institución olvidada no significó un debilitamiento del poder real, sino un nuevo impulso para realizarlo. La autoridad real se fortaleció al recibir el control de todo el aparato eclesiástico de la Iglesia, el Estado disolvió los monasterios y expropió sus grandes riquezas territoriales.

 

Al comenzar el siglo XVII el equilibrio de fuerzas entre Francia, España e Inglaterra se había transformado por completo; franceses y españoles tenían ejércitos permanentes. En el momento de la transición hacía la “nueva monarquía” a Inglaterra no le era necesario ni posible construir una maquinaria militar comparable a la de sus rivales. En el marco de aislamiento de Inglaterra se produjo una desmilitarización prematura de la clase noble, en tiempo de Isabel I se ha calculado que sólo la mitad de la aristocracia tenía experiencia bélica, se habían convertido hacia la actividad comercial. Bajo este reinado se va dar la transformación militar hasta transformarse Inglaterra en la dueña de la flota más poderosa de Europa, la seguridad de la isla quedó garantizada y se echaron los cimientos  de un futuro imperial.

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